Antes de encontrar respuestas
Crecí en Burgos, en una casa que viví como un campo de batalla. Mi sistema nervioso aprendió muy pronto a permanecer en alerta, a anticiparse y a intentar controlarlo todo.
En 1999 elegí Ingeniería de Telecomunicaciones, en parte buscando el amor y la aprobación de mi padre. Después llegó el mundo corporativo y aprendí a funcionar desde el control, la exigencia y la responsabilidad.



Durante un tiempo, mi padre llegó a avergonzarse de lo que hacía. No comprendía las terapias ni el enfoque que estaba investigando. Con el tiempo entendí algo que viven muchas mujeres: la mente suele rechazar aquello que no entiende, y esa incomprensión también puede venir de la pareja, la familia o el entorno.
A los 25 años, la olla a presión explotó. La depresión apareció cuando, aparentemente, lo tenía todo. Fue la primera señal de que funcionar no era lo mismo que estar bien.

















